Hacer tareas en casa: una oportunidad vinculante.

Es posible que al menos una vez a la semana, padres y madres incluyan como parte de sus labores el acompañamiento a sus hijos en la realización de tareas escolares. De acuerdo con la historia previa de cada vínculo familiar, esta labor podrá ser más o menos intensa, según diferentes factores: la edad de la hija o el hijo, el nivel de autonomía, el deseo de participación de los padres, las prácticas y rutinas de estudio aprendidas, entre otras.

Quizás para algunas familias, fluya fácilmente esta misión, mientras que para otras se convierta en un factor estresante, con aumentos en el tono de voz y síntomas de impaciencia.  Puede que existan experiencias en las que los padres terminen rindiéndose y opten por hacer la tarea de su hijo o hija, puesto que es una opción práctica: rinde más y el estrés es menor.

Los hijos e hijas, independiente de su edad, requieren espacios de encuentro y vínculos amorosos, claros y estructurantes con sus padres: el acompañar a sus hijos a hacer las tareas, es una de ellas. Nótese que he hablado de “acompañar a” y no “de hacer con”, la diferencia es muy importante: en la primera usted y su hijo/hija comprenden que la responsabilidad radica en quien tienen el rol de estudiante, es decir, en su hijo o hija, y desde ese lugar, cuenta con el apoyo del adulto. En el segundo lugar, se tiende a considerar la tarea escolar como una responsabilidad compartida padres e hijos y se desdibujan los límites de este ejercicio: que su hijo/hija practique el aprendizaje, y que aprende el valor de la responsabilidad y la competencia de la autodisciplina o el ritmo propio.

Es posible que acompañar a hacer la tarea, no sea tan interesante como ver un partido de fútbol, una serie animada, ir a cine, salir a montar bicicleta, hacer un almuerzo en familia, servir unas onces, leer un libro. No obstante, hay mucho provecho que ustedes como padres pueden sacarle a esta interacción. Me permito compartir algunas de ellas:

  1. Conocer cómo piensa su hijo o hija: acercarse tanto a sus opiniones, análisis como a reconocer su proceso cognitivo: en qué áreas tiene más gusto, cuáles son sus talentos, qué procesos o temáticas se le dificultan más, esta es información importante si necesita darle algún apoyo para aprender mejor.
  2. Identificar su capacidad para gestionar problemas: la tarea escolar es una gran oportunidad para ver cómo su hijo o hija reacciona ante problemas o dificultades ¿se enoja? ¿Se rinde? ¿es recursivo? ¿construye un plan o una estrategia con la cual sacar adelante su propósito? Recuerde que en la vida lo que marca la diferencia es cómo respondemos y gestionamos las situaciones que se nos presentan, la recursividad y la actitud con la que asumimos los problemas. Si usted le hace la tarea a su hijo o hija, o no importa sino la hace, le está dejando de enseñar valores y habilidades claves para el futuro.
  3. Conocer sus rutinas y ritmos de trabajo: reconocer el ritmo propio de trabajo es un factor que favorece poner en marcha cualquier actividad, así mismo, contar con una rutina organizada (espacio adecuado, horario, materiales, propósito) favorecerá la motivación y la realización misma de la tarea. Acompañar a sus hijos a hacer tareas escolares es una buena forma de orientarlos para que las construyan, un buen mensaje es enseñarlos a organizarse para que puedan realizar lo que se proponen y sentirse tranquilos con sus diferentes actividades.
  4. Identificar el nivel de tolerancia a la frustración: generalmente las tareas cuentan con cierto nivel de dificultad, los niños y adolescentes quisieran que fueran tan sencillas para terminarlas pronto y continuar haciendo sus actividades predilectas. La vida en sí misma cuenta con sus momentos de dificultad, usted como adulto lo habrá experimentado. Las tareas permiten identificar cuál es la capacidad de su hijo o hija para afrontar situaciones difíciles, así como reconocer sus reacciones. En esos momentos su apoyo será de gran ayuda, no se trata de un apoyo que suplante las capacidades de su hijo, sino de una mano solidaria que lo soporta para comprender mejor el ejercicio y encontrar una manera de resolverlo, etc.
  5. Conocer su capacidad creativa: en complemento de lo anterior, es una gran oportunidad para reconocer y formar a su hijo en soluciones creativas, elemento clave de la salud emocional. ¿Cuántas alternativas diferentes a quejarse, enojarse, arrojar cosas puede encontrar su hijo para lograr su propósito?, obsérvelo y ayúdelo a no estancarse, a ser recursivo y basarse en soluciones sanas para él y su proceso.

Si estos cinco puntos le llamaron la atención, quiero hacerle una invitación, léalos ahora desde las bondades para usted como madre o padre: “Permitir a mi hijo conocer cómo pienso”, “identificar mi capacidad para gestionar las dificultades que se me presentan con mi hijo o hija”, “Conocer cómo he aportado para que mi hijo o hija adquiera rutinas y ritmos de trabajo” “identificar mi nivel de tolerancia con mi hijo o hija”, “Conocer mi capacidad creativa para orientar o apoyar a mi hijo o hija”.

Seguramente usted y yo compartimos que reconocer lo anterior no garantiza que sea un ejercicio fácil y divertido. Si estamos de acuerdo con eso, vale la pena identificar algunas cosas que favorezcan que así lo sea:

  1. Construyan rutinas: es decir, espacios, metodologías y tiempos dedicados exclusivamente a las tareas escolares. Ayúdele a su hijo/hija a identificar qué le sirve a él/ella para concentrarse mejor y qué se lo impide, motívelo y hágale caer en cuenta de ello. Ayúdele (mientras se apropia de su rutina) a definir de acuerdo con sus compromisos semanales el mejor espacio para estudiar, tengan presente que sea un espacio físico cómodo, y un horario adecuado, no muy cercano a su hora de dormir, ni tampoco tan tarde que lo trasnoche. Que se haya alimentado bien, que se aleje de interrupciones que lo distraigan: el televisor, el chat con amigos (salvo que lo use para consultar información), entre otros que seguramente conocen mejor usted y su hijo/hija.
  2. Ayúdele a construir procedimientos: por ejemplo, revisar cuántas tareas tiene y por cuál le es más conveniente empezar (de la más difícil a la menos, quizás al revés, alternar entre una de su preferencia y otra que no); distribuir las tareas de acuerdo con los tiempos de entrega. Qué materiales y recursos necesita para hacer su tarea: el libro guía de clase, enciclopedias disponibles en la casa, sus apuntes, internet, lapiceros, cuadernos, etc. Enséñele a organizar esos materiales. Anímelo a aprender y ser auto-observador de su proceso productivo: cómo se distrae, cuando se cansa qué hace. En esos casos pararse, estirarse, poner música de su agrado, respirar, son buenas prácticas.
  3. Fortalecer la autonomía y confianza en su hijo/hija: no haga por su hijo/hija lo que usted está seguro(a) que él/ella puede hacer por sí mismo. Recuerde que entre mayor sea su hijo/hija, mayor autonomía deberá tener para asumir sus responsabilidades. Que no le gane a usted el afán de terminar la tarea para hacer otras cosas. Permítale que disfrute de lo que logra. Por ejemplo, después que haya logrado resolver un problema de matemática, déjeselo saber, por ejemplo: “hijo te diste cuenta de que al comenzar la tarea pensaste que no podías y sin embargo, con paciencia y persistencia lo lograste”.
  4. Construya límites: recuerde que la tarea es una responsabilidad de su hijo/hija, usted es un acompañante que lo motiva y le facilita comprender mejor en caso de que lo requiera. Por su bien y el de su hijo/hija, defina momentos limitados para ese acompañamiento de acuerdo con posibilidades reales entre semana y en fin de semana. Sea firme y amable con esos espacios definidos, por ejemplo: si con su hija acordaron dos horas de acompañamiento para tareas, y ella se despista y no quiere avanzar, con amor y claridad, hágale saber que usted está durante el tiempo acordado disponible, después de ello se retirará a atender sus compromisos personales. Diez o quince minutos antes que se cumplan las dos horas acordadas, le indica que pronto terminarán y al terminar ayúdele a ver las cosas constructivas que pasaron durante el tiempo de acompañamiento y las que podrían mejorar para el próximo acompañamiento. Claro, en su criterio estará si es necesario extender o disminuir esas dos horas de acompañamiento dada la complejidad de las tareas.
  5. Respire cuantas veces necesite: sí, respiren cuántas veces necesiten, porque los ritmos de los niños no coinciden con nuestros ritmos como adultos, ni su nivel comprensivo ni sus tiempos de concentración. Así que respiren.
  6. Construyan una comunicación respetuosa: Procure no referirse de manera despectiva a su hijo/hija cuando se equivoca, “torpe, bruto, lento”, entre otras expresiones que deterioran el vínculo y afectan la autoestima de su hijo, así mismo corríjale cuando se refiera a sí mismo usando esas expresiones, muéstrele cómo tener dificultades para comprender algo no es igual a ser “bruto”.

Construyan pactos para manejar las emociones negativas que surjan, por ejemplo, reconozcan cuándo se enojan y conversen sobre eso “hija cuando tú te pones terca con la idea yo me estreso, me gustaría que antes de cerrarte a la idea me oigas”, “cuando tú me gritas me dan ganas de no ayudarte”. Permita que sus hijos le cuenten cómo se sienten también. Anticipen comportamientos y construyan soluciones igualmente anticipadas:

  • “Hijo, la última vez que te acompañé a hacer tu tarea, te enojaste y tiraste tu cuaderno, me siento irrespetado cuando haces eso. ¿Si se volviera a presentar una situación que te enoje como esa, qué se te ocurre que podrías hacer antes de reaccionar de esa manera?

Recuerde, que su hijo/hija reacciona de esa manera porque no ha experimentado o apropiado otras mejores, por eso, es posible que en principio no se le ocurran muchas ideas, así que está bien darle una mano, por ejemplo: ¿qué tal si te paras y respiras? ¿Qué tal si me hablas de lo que sientes? ¿qué tal si cierras los ojos y chequeas como te sientes y lo dibujas?

  1. Acuerden en conjunto qué
  2. pasa si logra avanzar con sus rutinas. Ojalá no se trate de premios materiales, exploren otros caminos como disfrutar un helado, ver la película favorita en familia, salir al parque, etc.

Recuerde que nada de lo anterior funciona por un día, se requiera constancia y práctica, y como todo, hay días en los que usted como adulto tendrá más paciencia y otros en los que no; habrá días en los que su hijo/hija esté más dispuesto, otros en los que no tanto. No desista, así es la vida, sigan con las rutinas fortaleciendo su vínculo, es el regalo más importante que un niño recibe de sus padres.

 

Mucho ánimo con esa importante labor como padre/madre y que la aprovechen al máximo!!!

Istar Jimena Gómez Pereira
Magister en educación.

Psicóloga Formada en Psicoterapia Gestalt
Certificada en Positive Discipline Parenting Educator y Disciplina Positiva en el aula.

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