Apreciaciones sobre los lineamientos del nuevo plan sectorial de educación: ¿Cuáles son las perspectivas en materia de calidad?

Por: Felipe Trujillo Henao

Tomando como referente el plan de gobierno y los lineamientos del nuevo plan sectorial, se encuentra que la política educativa para el próximo cuatrienio se sustenta en cinco énfasis: la atención integral a la primera infancia, el mejoramiento de la calidad educativa, el cierre de las brechas sociales que persisten en la prestación del servicio; la educación con pertinencia para la innovación y la productividad, y el mejoramiento de la eficiencia en la gestión del sector. A continuación se presentan algunas apreciaciones sobre las metas propuestas en el tema de calidad de la educación, con énfasis en el ámbito de la educación básica y media.

Según lo expuesto el pasado 10 de noviembre, durante el lanzamiento de la política sectorial para la prosperidad, la educación de calidad se entiende como “aquella que forma mejores seres humanos, ciudadanos con valores éticos, respetuosos de lo público, que ejercen los derechos humanos, cumplen con sus deberes y conviven en paz. Es una educación que genera oportunidades legítimas de progreso y prosperidad para ellos y para el país. Una educación competitiva, pertinente, que contribuye a cerrar brechas de inequidad y en la que participa toda la sociedad”.

Las metas que propone el gobierno en esta materia apuntan a mejorar el nivel de los estudiantes en las pruebas oficiales (25% mejorarán sus puntajes en las Pruebas SABER), y acompañar en el desarrollo de planes de mejoramiento a los establecimientos educativos que obtuvieron bajos resultados en estas pruebas (estimados en 1.800 establecimientos en todo el país). Vale señalar que otras metas que contempla el eje de calidad son reducir el analfabetismo en mayores de 15 años (del 6,7% al 5,7%), y obtener el registro calificado para todos los programas técnicos, tecnológicos y de formación laboral.

Lo primero que puede decirse es que la calidad de la educación ha sido las más de las veces la musa del discurso político, aunque termina siendo la cenicienta de sus realizaciones. No es novedoso manifestar que la política de las últimas décadas ha privilegiado la expansión del servicio educativo a costa -y a sabiendas- de mejorar su calidad. Por ello es importante que el próximo plan sectorial la tome no sólo como una de sus principales banderas, sino que además sus ejecuciones apunten a convertir la educación de calidad en un verdadero propósito nacional.

Las metas propuestas son impostergables y dan cuenta del progreso que debe darse en los próximos años. Por ejemplo, mejorar el desempeño de los estudiantes en las Pruebas SABER significa consolidar una política que ha venido madurando a lo largo de la década, y que se manifiesta en la existencia de estándares de competencias para las áreas curriculares, un sistema nacional de evaluación de la calidad, y una ruta estratégica que se ha trazado para el mejoramiento institucional.

Sin duda, esta experiencia es notable e incluso emblemática en el contexto internacional. No obstante, los indicadores hasta ahora utilizados para medir la calidad de la educación aún son limitados, en tanto dependen exclusivamente de resultados en pruebas estandarizadas. Esto se evidencia al considerar que la calidad abarca otras muchas cualidades y características que escapan a las variables meramente cognitivas que miden estas pruebas. De hecho, los resultados de un reciente estudio realizado por CORPOEDUCACIÓN en cinco ciudades del país indican que los factores más incidentes en la calidad educativa están asociados al clima escolar y a las prácticas pedagógicas en el aula, cuestiones que por su naturaleza son difícilmente medibles mediante pruebas.

Por estas razones se insiste en que la consigna del plan sea una oportunidad para ampliar las formas de concebir y valorar la educación de calidad. En este propósito, se debe promover la realización de estudios complementarios a las pruebas, con enfoques y metodologías que permitan otros acercamientos a esta realidad. Un buen ejemplo de esto son los estudios cualitativos que realizó el Laboratorio Latinoamericano de Evaluación de la Calidad de la Educación, a partir de los resultados -cuantitativos- del primer estudio internacional comparativo sobre Lenguaje, Matemáticas y factores asociados para alumnos de 3° y 4° grado de educación básica, realizado en trece países de la región.

Igualmente importante es referenciar la calidad de la educación colombiana en el contexto internacional. Para ello es preciso seguir promoviendo la participación en pruebas internacionales, en algunas de las cuales Colombia lo ha hecho activamente durante los últimos años (TIMMS, PIRLS, SERCE, PISA, entre otras), aunque mal librada en términos de resultados. También se precisa promover el uso de indicadores complementarios y ampliamente utilizados a nivel internacional, como por ejemplo la tasa de supervivencia escolar utilizado por UNESCO para monitorear las metas de calidad del Proyecto Educación para Todos.

En sintonía con lo anterior, existen iniciativas locales en esta dirección que pueden ampliarse al ámbito nacional, como el índice de calidad de la educación que viene desarrollado la Secretaría de Educación de Bogotá y cuyos avances presentó en el pasado seminario internacional de factores asociados a la calidad de la educación. De igual forma, se requiere fortalecer, apoyar y difundir el trabajo realizado por los denominados observatorios de la calidad con que cuentan diferentes entidades territoriales y organismos de los sectores público y privado en el país.

Por otra parte, si bien ligado a la calidad, hay que advertir que los próximos años se caracterizarán por la adopción del Decreto 1290, que reglamenta la evaluación del aprendizaje y promoción de los estudiantes en educación básica y media. Cabe recordar que éste derogó el anterior decreto sobre currículo, evaluación y promoción de los educandos, duramente cuestionado porque exigía a las instituciones educativas niveles de promoción del 95% de sus estudiantes, y que fue interpretado por la mayoría de éstas como una medida facilista y como una pérdida de autoridad por parte de los docentes.

El término del año escolar, los cálculos indican que alrededor de 800.000 estudiantes “van perdiendo el año”, lo cual sugiere que desde ya hay serios problemas en la implementación de la nueva normativa.  Ante este hecho hay que decir que a pesar de las interpretaciones que prevalecieron sobre el Decreto 230 de 2002, urge recuperar su espíritu original que buscaba que docentes e instituciones concentraran sus esfuerzos en aquellos estudiantes con más dificultades académicas y así evitar su fracaso escolar. Esto no desvirtúa, y por el contrario da sentido a una educación de calidad.

Uno de los factores clave para lograr lo anterior, y que resulta ser otro de los grandes retos del país está relacionado con mejorar la profesión docente. Este tema ha sido recurrente en las discusiones sobre calidad educativa, aunque plantea profundos desafíos en su práctica. En particular, se debe avanzar en el fortalecimiento de los procesos de formación, selección, evaluación y cualificación del desempeño de los docentes, todo lo cual debe llevar a valorar los efectos que se han dado tras la expedición en el año 2002 del nuevo Estatuto Docente.

En este sentido, se considera que hay elementos del Estatuto que no han sido debidamente implementados, como la evaluación del desempeño pero también la creación y otorgamiento de incentivos para ejercer la docencia. Otro aspecto que merece especial atención se refiere a los procesos de selección, en especial para los aspirantes que son profesionales sin formación ni experiencia docente, de tal manera que su elección responda a una motivación vocacional, y no a un simple desvare laboral.

Por último, aunque no menos importante, se deben continuar las acciones emprendidas por el Ministerio de Educación Nacional en torno a fortalecer la movilización social por la educación. Estas acciones han estado respaldadas por la realización de diversos foros educativos a nivel regional y nacional, la creación de medios de comunicación especializados en educación, la realización de campañas educativas masivas, entre otros. El reto ahora es que esta movilización se traduzca en mayores niveles de exigencia y corresponsabilidad de la sociedad civil con la educación.

Con respecto a esto último, llama la atención lo observado hace poco en una columna de opinión, según la cual una encuesta reciente del BID reveló que las sociedades latinoamericanos están más satisfechas con sus sistemas educativos que las de países como Japón, Alemania y Estados Unidos, pese a que éstos están a la cabeza del ranking mundial de calidad, y los nuestros ocupan las últimas casillas.

En resumen, el llamado del plan debe ser la ocasión, hasta ahora postergada, de ampliar la visión y afianzar la unidad nacional y el compromiso frente a qué significa brindar una educación de calidad que garantice el camino hacia la prosperidad de Colombia.

Gestión del Conocimiento – CORPOEDUCACIÓN.
Noviembre  25 de 2010

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